viernes, 2 de mayo de 2014

Combate Naval del 2 de Mayo

Combate naval del 2 de Mayo ( 2 de mayo de 1866 )

 
Después de la Batalla de Ayacucho, todos los países hispanoamericanos, excepto el Perú, habían firmado tratados de paz con España, mediante los cuales esta nación reconocía su independencia. Ello no había sido obstáculo para que se produjeran diversos actos de buena voluntad entre Perú y España, pero ciertamente no existían relaciones oficiales.

En ese contexto, a mediados de 1863 se presentó en el Pacífico una escuadrilla española compuesta por las fragatas Resolución y Nuestra Señora del Triunfo así como por la goleta Covadonga, que llevaba a bordo una Expedición Científica con el propósito de estudiar las antiguas posesiones españolas. En esas circunstancias se produjo un incidente en la hacienda Talambo, en el que resultó muerto un español. El almirante español, Luis Hernández Pinzón, incitado por Eusebio Salazar y Mazarredo, cuyo cargo de Comisario Extraordinario para el Perú no había sido reconocido, protestó ante el gobierno peruano, y en represalia, las fuerzas españolas capturaron el 14 de abril de 1864 las Islas Chincha, de donde provenía la mayor parte del guano que el Perú exportaba.
Producidos estos hechos, España reforzó su Escuadra del Pacífico con las fragatas Blanca, Berenguela y Villa de Madrid, la goleta Vencedora y el blindado Numancia. El gobierno peruano, imposibilitado de atacar a una fuerza tan superior, se vio obligado a firmar un tratado conocido como Vivanco-Pareja, que ponía fin al conflicto pero que fue prontamente rechazado por la nación. El Coronel Mariano Ignacio Prado se levantó en Arequipa y tras casi un año de guerra civil logró hacerse del poder, repudiando el referido tratado y reiniciando las hostilidades. Previamente se había firmado un acuerdo con Chile, al que luego se sumaron Bolivia y Ecuador, de modo de actuar unidos contra España y cualquier intento de restablecer su dominio en América.
En aquellos momentos nuestra escuadra no contaba con naves capaces de enfrentarse con la poderosa fuerza naval española, dado que aún se hallaban en construcción en Inglaterra el monitor Huáscar y la fragata Independencia. Fue por ello que se envió a nuestras cuatro naves principales al sur de Chile, donde debían aguardar el arribo de los dos nuevos blindados para actuar luego en conjunto contra la fuerza enemiga. Tres de estas naves, la fragata Apurímac y las corbetas Unión y América tomaron parte en el Combate Naval de Abtao ocurrido el 7 de febrero de 1866 en el canal de Challahué, formado entre la isla Abtao y el continente. También se encontraba en aquella oportunidad la goleta chilena Covadonga, conformando todas estas naves la denominada Escuadra Aliada, que bajo el mando del audaz e intrépido Capitán de Navío peruano Manuel Villar rechazó en forma brillante el ataque de las fragatas españolas Villa de Madrid y Blanca, combatiendo durante varias horas hasta que las naves enemigas optaron por retirarse.
Después de este infructuoso intento de doblegar a nuestras fuerzas, el jefe naval español, brigadier Casto Méndez Núñez, cambió su táctica y optó por una más pérfida: la de bombardear el puerto chileno de Valparaíso, y luego el del Callao. El castigo ante el primero de los mencionados ocurrió en abril, no hallando resistencia por parte de su indefensa población.
Con este antecedente el Callao corría un peligro inminente. Aún se tenían esperanzas del pronto arribo de los blindados Huáscar e Independencia, ambos con poderosa artillería, pero el recorrido por la vía del Estrecho de Magallanes era largo y la posibilidad de defender el honor nacional con esas unidades podía esfumarse.
Al advertirse la amenaza sobre el Callao, el gobierno dispuso de las defensas necesarias a cargo de la Marina y del Ejército, instalándose cincuenta cañones agrupados en varias baterías, incluyendo una dirigida a la zona conocida como la “Mar Brava” en previsión de un ataque por retaguardia. La movilización de hombres fue total. Al lado de los adultos, se presentaron voluntarios para la lucha niños y ancianos. También los extranjeros intervinieron, formando las famosas brigadas de bomberos –pues se temía el incendio del puerto y los puestos asistenciales para socorrer a los heridos.
Debemos destacar el importante papel que cumplió la pequeña escuadra que se logró formar –recuérdese que la escuadra aún se hallaba en el sur, que se ubicó al centro de la zona de defensa, cerca del muelle, cubriendo el espacio poblado de la ciudad, donde no había baterías. Esta fuerza naval se hallaba conformada por el vapor Tumbes de sólo 250 toneladas armado con dos cañones rayados, en donde izó su insignia el Capitán de Navío Lizardo Montero, como Comandante General; el Loa convertido en monitor, con dos cañones: uno a proa y otro a popa; el Victoria, con ariete y un sólo cañón de torre giratoria, y los pequeños buques Sachaca y Colón, pobremente artillados. Los bravos comandantes peruanos al mando fueron Juan José Raygada, Camilo Carrillo, Juan Antonio Valdivieso, Toribio Raygada y Patricio Iriarte.
A este rol defensivo se sumó el desempeño táctico de las unidades, que convenientemente dispuestas en el escenario de lucha y con el balizamiento de la rada que hicieron horas antes del combate, mediante boyas y otras señales, no sólo favorecieran el éxito de la jornada sino que, en relación estrecha con las baterías de tierra, dirigieron el tiro de éstas o permitieron su mayor eficacia, como en un vasto polígono. Numerosos marinos conjuntamente con los oficiales del Ejército, contribuyeron con su experiencia en la dirección de las piezas de grueso calibre instaladas en la ribera y tuvieron a su cargo la interpretación de los mensajes correctivos en clave de los señaleros de los buques. Así, oficiales de marina, personal subalterno y marinería, tanto en los buques como en tierra, brillaron en la defensa del honor nacional, conjuntamente con los miembros de otras fuerzas y con la ciudadanía entera, que frente al ocasional adversario, escribieron con letras de oro una página de gloria en nuestra historia Republicana.
La poderosa escuadra española fondeada frente a San Lorenzo desde el 26 de abril, bajo el mando del brigadier Casto Méndez Núñez, se hallaba conformada por las fragatas Numancia, Blanca, Villa de Madrid, Resolución, Berenguela y Almansa, integrando tres divisiones y apoyadas por los buques auxiliares Vencedora, Marqués de la Victoria, Matías Cousiño y Paquete de Maule.
Pasado el mediodía, la fragata española Numancia de siete mil toneladas, que enarbolaba la insignia de Méndez Núñez, hizo los primeros disparos, generalizándose de inmediato el fuego por ambas partes, pero a los diez minutos, la misma nave, al cambiar de banda, recibió dos impactos: uno del Loa que fue certero y otro de las baterías de tierra.
La Villa de Madrid también sería impactada por un proyectil que puso a 40 tripulantes fuera de combate, y le causó otros graves daños, obligándola a salir de la línea, remolcada luego por la Vencedora. Momentos después recibiría la Benrenguela un proyectil que le atravesó en la línea de flotación por lo que tuvo también que alejarse escorada hacia estribor, siendo posteriormente varada frente a San Lorenzo para evitar su hundimiento.
Al tiempo que esto sucedía, nuestros bravos defensores experimentaron un duro golpe en la torre de La Merced, en donde por accidente se prendió fuego a la munición, causando esto la explosión de la torre y la pérdida de todos los que allí se encontraban, entre ellos el Ministro de Guerra y Marina, don José Gálvez, quien desde allí había dirigido el combate, encarnando el espíritu de heroicidad, valor y arrojo que mostraron los peruanos aquel día.
Los cañones de tierra y los cañones de nuestros buques siguieron disparando hasta el último momento. Precisamente los últimos cañonazos fueron del monitor Victoria, que rubricaron con su nombre la gloriosa jornada.
Nuestros marinos fueron temerarios en la lucha, derrocharon un valor extraordinario. Así por ejemplo, en un momento del combate, cuando el puerto era un solo tronar de cañones, el pequeño Tumbes, no obstante su escaso poder de fuego, arriesgó una salida valiente y se metió entre los buques enemigos, desconcertando por su audacia y habilidad a los veteranos españoles. Por su parte, el Loa y el Victoria acertaron muchos tiros, sufriendo naturalmente por su arrojo algunos impactos. La Numancia y la Vencedora fueron los últimos buques españoles en retirarse, aproximadamente a las 5 de la tarde y lo hicieron lentamente, recibiendo aún el tiro de nuestros buques.
Señores: las acciones heroicas en las que fueron protagonistas miembros de nuestra Gloriosa Marina de Guerra al lado del pueblo peruano en aquella memorable jornada del 2 de Mayo de 1866, constituyen una invalorable lección de patriotismo y muestra de un gran espíritu de sacrificio.
Rindamos el día de hoy el justo homenaje que merecen todos aquellos que con su sangre y valor nos dieron un digno ejemplo de abnegación y entrega por la patria, ejemplo que como marinos de guerra debemos aprender y mantener por siempre.
Que el recuerdo de los hechos ocurridos en el pasado, sea motivo de reflexión para que en el presente y en el futuro nos hallemos adecuadamente preparados para los retos que la historia nos depare.

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